domingo, 30 de noviembre de 2008

Supehéroes... Controlando la luz del Sol (XXXV)

Desde hace unas semanas, quienes fueron a la Fiesta del Sol lo saben, venía recibiendo correos de una misteriosa mujer ucraniana.

La cosa continuó, incluso a pesar de lo que sucedió en la Celulosa con sus compatriotas.
Hasta citarnos en Madrid, en la Puerta del Sol este viernes pasado.

Cuando llegué al aeropuerto, había mucha niebla.

Recogí mi tarjeta de embarque y me informaron que el avión que debía llevarme a Madrid no había podido aterrizar en Vigo y un autobús nos llevaría a Santiago para salir desde allí (dos horas más de viaje).
Todo se retrasa.

Tras varios mensajes de móvil a Olga, informando de las nuevas circuntancias, por fin llego a Santiago.

Llevaba unas esposas que portaría en mi mano izquierda para que Olga me reconociese, además del chaleco antibalas, aún con sangre incrustada.

A pesar haber pasado dos veces el control de metales en Vigo, tuvo que ser a la tercera vez, en Santiago, cuando me las confiscaron.

Finalmente llego a Madrid.

Voy a casa de mi cómplice (al que llamaremos S.B.) para dejar mi equipaje y darle las últimas instrucciones para que registre mi encuentro con Olga.

Íbamos a quedar incialmente a las 4 de la tarde. Finalmente nos vimos a las 8.

De camino a la Puerta de del Sol me llega el siguiente mensaje.

Y al llegar, un taxi y una bella mujer de pelo rojo, con gafas de sol...

Momento del encuentro con Olga, en la Puerta del Sol de Madrid (Foto: S.B.)


Subo al taxi, con la tensión propia del momento y ni siquiera me atrevo a mirarla. Mucho menos a decir una palabra. Llegamos a nuestro destino. El Museo Reina Sofía. Debido al retraso ha habido una serie de complicaciones para ocultar la miel en un lugar seguro.

Ella recibe un mensaje con Añadir imagenseñas de lo que debemos hacer: "Pablo se ha ido de viaje a Samarkanda.con-la llave sta dtras dl xtintor- llama a 513- besos".

No nos fiamos de nadie. A nuestro lado, dos hombres custodian un carrito de bebé y, por supuesto, sospechamos.

Tras varias deduciones, acabamos en la estación de Atocha (el viaje de Pablo). Allí encontramos el Café Samarkanda. Junto a él, un extintor. Detrás, una tarjeta de la consigna.

Al fin localizamos la taquilla 51-3.

Y DENTRO, LA MIEL DE UCRANIA.

Aún preocupados por la posible vigilancia de agentes ucranianos, salimos de allí y celebramos el Éxito. A pesar de que todo ha salido bien, sentimos cierto vacío en el adiós.

El sábado recibí su último correo.

Te encuentres donde te encuentres, GRACIAS OLGA. TE LLEVO EN EL CORAZÓN.

AHORA QUEDA LO QUE VENGO BUSCANDO DESDE HACE TANTOS MESES.

HACER LA FOTO DEL SOL.

POR JACOBO Y POR OLGA.

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