lunes, 8 de septiembre de 2008

Superhéroes... Controlando la luz del Sol (XV)

Llegué el jueves a Madrid sin problemas en el vuelo, aunque la gente anda revuelta y los baches no ayudan.
Lo primero que hago al llegar a Madrid es darme un paseo, a ver cómo me la encuentro.
Aquí cada día tienes la sensación de que puede pasar lo imposible cuando te levantas por la mañana.
Y eso fue lo que me sucedió este sábado.
A última hora tenía una cita con Javi. Iba a explicarme todo lo de los agujeros negros. Podría ser lo que estoy buscando(…). En cualquier caso, tiene buena pinta. Pero necesito detalles.
Iba a la zona de Montera por Fuencarral, entonces se me acercó un rumano con La Farola.
- Un sigaro, pore favore.
Saco el paquete y le doy un pitillo.
Mientras se lo enciendo, él me mira pero no dice nada.
- Grasias, señore.
Continúo andando, esquivando a la gente que siempre abarrota esta calle. Una señora, con un bebé colgado a la espalda y mil niños alrededor, me asalta, - una moneda, pore favore, una moneda, pore favore, una moneda…-.
- Lo siento-. Y continúo.
Cuando llego a Gran Vía el tráfico de gente ha disminuido y decido pararme un segundo.
Entonces recuerdo la última vez que los rumanos se cruzaron en mi camino.
Decido dar media vuelta.
No doy ni tres pasos cuando me vuelvo a encontrar al de La Farola.
Estoy a punto de decirle algo pero se me adelanta.
- Vinga conmigo, señore.
Cruzamos la Gran Vía hasta llegar al último portal antes de Callao.
Me invita a entrar. Veo al portero hacer una señal al rumano. Me abre el ascensor e introduce una llave en la cerradura superior de una fila de más de diez. La puerta se cierra, subo y se vuelve a abrir.
Entro en un salón gigante con muchos cuadros ( una escultura de Brancusi!), una enorme librería, lámparas,… y al fondo, un gran ventanal.

- Puede esperar por la cita con su amigo?, me dice una voz familiar desde la ventana.
- Claro-.
Me fijo en que la luz que entra por la ventana tiene un fuerte tono parduzco. Está tan filtrada que no molesta en contraste con la penumbra del salón y entonces caigo en la cuenta de quién me acompaña.
- Estoy al tanto de la empresa que se le ha encomendado…- me dice.
- (?!).
- … Y quiero ayudarle. No se preocupe, a su debido tiempo intercederé por usted. Siga su buen camino, va a ser muy placentero y confío en usted.
Me acerca la mano y me devuelve el papel donde yo había apuntado la dirección de Javi.
- Ahora váyase.
Me saluda con la cabeza, le respondo y me retiro mirando el papel, extrañado.

Después he quedado con Javi y me ha dado mucha información que tengo que ordenar cuanto antes. No sé cuanto tiempo me queda, no sé qué puede hacer el Rumano y lo más importante, no sé cuanto aguantará el Sol.

8 comentarios:

adrianam dijo...

Que imagen. Impresiona.

emilio cendón dijo...

GRACIAS

YELLICE dijo...

BUA!!, QUE PASADA DE FOTO!!!

emilio cendón dijo...

Vaya vistas que tiene El Rumano, eh

Anónimo dijo...

No sé si me impresiona más la foto o el relato. ¡Qué luz! Judit

YELLICE dijo...

PUES SI, VAYA PARA EL RUMANITO.

emilio cendón dijo...

Judit, quería que la vieses.
Yellice, a éste ya me lo conozco yo y siempre hace lo que menos esperas. A ver por dónde sale esta vez.

YELLICE dijo...

QUIEN SABE, A LO MEJOR TE LO ENCUENTRAS EN UN TABLAO FLAMENCO BAILANDO UNA JOTA ARAGONESA...